La fortuna es ciega. La suerte reparte sus favores sin ver ni juzgar. La buena y la mala suerte llegan sin relación con el mérito, el esfuerzo o la justicia.
La personificación de la Fortuna como una diosa ciega se remonta a la antigüedad romana, donde Fortuna era representada con los ojos vendados y una rueda que giraba distribuyendo prosperidad y desgracia al azar. En la cultura italiana, esta imagen pervive tanto en el arte (la Fortuna ciega aparece en innumerables pinturas y esculturas renacentistas) como en el lenguaje cotidiano. El proverbio funciona como una explicación de la injusticia aparente de la vida: por qué personas con talento fracasan mientras otras mediocres triunfan, por qué la desgracia golpea a los inocentes. Se usa tanto para consolar (no es culpa tuya, la fortuna es ciega) como para relativizar el éxito ajeno (no te lo envidies, fue suerte) y para aceptar con filosofía el propio destino. El equivalente en español es exactamente 'La fortuna es ciega'.
Raíces en la mitología romana; la Fortuna ciega con su rueda aparece en innumerables obras de arte del Renacimiento italiano.
Tras un premio de lotería inmerecido
Ha vinto lui? Non ha mai lavorato in vita sua. La fortuna è cieca — non vede chi lo merita.
¿Ha ganado él? No ha trabajado un día en su vida. La fortuna es ciega: no elige a los que se lo merecen.
Consolar a una persona con talento que ha sido ignorada
Sei più brava di tutti loro, ma non ti hanno scelto. La fortuna è cieca — ma continua a lavorare, prima o poi ti vede.
Tienes más talento que todos ellos, pero no te eligieron. La fortuna es ciega.
Intercambio filosófico sobre las injusticias de la vida
Non cercare una logica nella distribuzione delle cose buone. La fortuna è cieca e non fa sconti a nessuno.
No busques lógica en el reparto de las cosas buenas. La fortuna es ciega y muchas veces injusta.
Un hombre reflexionando sobre su propio éxito inesperado
Onestamente non so perché sia andata bene proprio a me. La fortuna è cieca — e a volte capita di stare nel posto giusto.
Sinceramente, no sé por qué las cosas me han ido bien precisamente a mí. La fortuna es ciega.